{"id":7366,"date":"2022-03-31T18:23:20","date_gmt":"2022-03-31T18:23:20","guid":{"rendered":"https:\/\/www.growbyginkgo.com\/?p=7366"},"modified":"2022-10-19T20:50:32","modified_gmt":"2022-10-19T20:50:32","slug":"la-flor-fantasma","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.growbyginkgo.com\/es\/2022\/03\/31\/la-flor-fantasma\/","title":{"rendered":"La flor fantasma"},"content":{"rendered":"<div class=\"grow-wordpress-block core-paragraph\"><div class=\"block-content\"><div class=\"block-wrapper\"><div class=\"content-wrapper\">\n<p class=\"has-drop-cap has-no-background\"><span class=\"small-caps\">A la sombra<\/span> de la monta\u00f1a de la Mesa, en Ciudad del Cabo, Sud\u00e1frica, un incendio se abre paso por entre los mu\u00f1ones de un bosque de pinos deforestado. Las llamas ambarinas se enroscan a su alrededor y se deslizan hacia las ra\u00edces. Un tronco trozado se colapsa, carbonizado. Seres vivos y otros muertos hace mucho crujen, se quiebran y estallan tanto sobre la tierra como debajo de ella. El humo negro se vuelve gris\u00e1ceo a medida que devora los arbustos verdes y la tierra parda, hasta que todo se torna completamente blanco y espeso.<\/p>\n<\/div><\/div><\/div><\/div>\n\n<div class=\"grow-wordpress-block core-paragraph\"><div class=\"block-content\"><div class=\"block-wrapper\"><div class=\"content-wrapper\">\n<p class=\"has-background-squiggle\">Quiz\u00e1 suene devastador, pero tambi\u00e9n podr\u00eda ser el comienzo de una resurrecci\u00f3n. La verdadera acci\u00f3n est\u00e1 ocurriendo bajo la tierra. Las autoridades de Ciudad del Cabo provocaron ese incendio ecol\u00f3gico prescrito para incinerar las capas de agricultura colonial, con la esperanza de que eso reavivara las semillas inactivas de una planta ind\u00edgena enterrada en las profundidades. Si las cosas salen de acuerdo al plan, una flor que se extingui\u00f3 hace mucho, la imponente <em>Leucadendron grandiflorum<\/em>, podr\u00eda volver a asomar sus p\u00e9talos dorados por primera vez en al menos cincuenta a\u00f1os.<\/p>\n<\/div><\/div><\/div><\/div>\n\n<div class=\"grow-wordpress-block core-heading\"><div class=\"block-content\"><div class=\"block-wrapper\"><div class=\"content-wrapper\">\n<h2 class=\"has-no-background wp-block-heading\"><strong>F\u00e9nix o fantasma<\/strong><\/h2>\n<\/div><\/div><\/div><\/div>\n\n<div class=\"grow-wordpress-block core-paragraph\"><div class=\"block-content\"><div class=\"block-wrapper\"><div class=\"content-wrapper\">\n<p class=\"has-no-background\">La hermosa flor de dos metros y medio conocida como <em>conebush<\/em> de Wynberg prosper\u00f3 alguna vez en esas colinas sudafricanas. En ese entonces, la tierra estaba cubierta por un tipo de vegetaci\u00f3n llamada fynbos, un tipo de maleza densa y diversa conformada por hierbas arom\u00e1ticas, suculentas delicadas y matorrales imponentes, un h\u00e1bitat inusual caracterizado por su estrecha relaci\u00f3n con el fuego. Los hotentotes, primer pueblo pastoril en asentarse en la regi\u00f3n, entend\u00edan bien esa relaci\u00f3n y acostumbraban quemar la tierra con regularidad para rejuvenecer los pastizales donde pastaba su ganado. Esta tradici\u00f3n persisti\u00f3 durante milenios, hasta que el establecimiento de un puesto de avanzada de la infame Dutch East India Company desplaz\u00f3 a las comunidades ind\u00edgenas. En las colinas, los holandeses empezaron a cultivar vides y trigo en filas perfectas, y se acabaron los incendios regulares, lo que deterior\u00f3 la flora local. Con el tiempo, la <em>Leucadendron grandiflorum<\/em> desapareci\u00f3 del panorama, junto con grandes extensiones de su h\u00e1bitat nativo.<\/p>\n<\/div><\/div><\/div><\/div>\n\n<div class=\"grow-wordpress-block core-paragraph\"><div class=\"block-content\"><div class=\"block-wrapper\"><div class=\"content-wrapper\">\n<p class=\"has-no-background\">\u00bfPodr\u00eda su viejo amigo, el fuego, traerla de vuelta? Eso espera Anthony Roberts, CEO del Cape Town Environmental Education Trust (CTEET). Roberts concibi\u00f3 este experimento en 2016, al pasar en auto junto a un campo de pinos en Wynberg Hill donde los \u00e1rboles estaban siendo talados. Casualmente, Roberts sab\u00eda que aquella colina era el primer lugar \u2014y quiz\u00e1s el \u00fanico\u2014 donde la <em>Leucadendron grandiflorum <\/em>hab\u00eda sido \u201cavistada\u201d en su h\u00e1bitat natural. Y la plantaci\u00f3n de pinos garantizaba que aquella tierra hubiera permanecido libre de cultivos al menos durante tres cuartos de siglo, por lo que exist\u00eda la remota posibilidad de que bajo la tierra hubiera un banco de semillas viables.<\/p>\n<\/div><\/div><\/div><\/div>\n\n<div class=\"grow-wordpress-block core-paragraph\"><div class=\"block-content\"><div class=\"block-wrapper\"><div class=\"content-wrapper\">\n<p class=\"has-no-background\">Roberts se acerc\u00f3 a los ocupantes actuales y de alg\u00fan modo los convenci\u00f3 de convertir la plantaci\u00f3n de dos hect\u00e1reas y media en una zona de conservaci\u00f3n que no s\u00f3lo podr\u00eda recobrar la <em>Leucadendron grandiflorum<\/em>, sino tambi\u00e9n restablecer parte del valioso h\u00e1bitat de dicha flor. Por ejemplo, las condiciones para la germinaci\u00f3n del fynbos son sumamente espec\u00edficas: se requiere una vegetaci\u00f3n lo suficientemente espesa como para garantizar que los incendios alcancen las temperaturas necesarias para producir el humo requerido\u2026 antes de que lleguen las lluvias. Roberts tuvo que esperar tres a\u00f1os a que llegara el momento ideal: 2018 fue un a\u00f1o demasiado h\u00famedo; 2019 fue demasiado seco; y en 2020 la pandemia par\u00f3 todo. Al final, en marzo de 2021 se pudo llevar a cabo el incendio planeado.<\/p>\n<\/div><\/div><\/div><\/div>\n\n<div class=\"grow-wordpress-block core-paragraph\"><div class=\"block-content\"><div class=\"block-wrapper\"><div class=\"content-wrapper\">\n<p class=\"has-no-background\">En las postrimer\u00edas, no queda m\u00e1s que esperar que el ave f\u00e9nix renazca de entre las cenizas. Sin embargo, hay un peque\u00f1o problema: el f\u00e9nix podr\u00eda ser un fantasma. Aunque aparezca una flor amarilla en esos campos, \u00bfc\u00f3mo sabremos si es un verdadero <em>conebush<\/em> de Wynberg? A diferencia de la mayor\u00eda de las especies bot\u00e1nicas, no tenemos un tipo original que nos sirva como referencia, sino s\u00f3lo una ilustraci\u00f3n de su flor de principios del siglo XIX, una historia turbia de taxonom\u00edas rivales y dos siglos de alegatos dudosos. <em>Leucadendron grandiflorum <\/em>es un misterio enterrado en un misterio, un palimpsesto de las extra\u00f1as formas en las que la ciencia y el colonialismo han interactuado con el mundo natural. Es una historia en la que vale la pena ahondar, pero eso implica adentrarse en lo m\u00e1s profundo y atravesar m\u00e1s de unas cuantas capas de historia y mitolog\u00eda.<\/p>\n<\/div><\/div><\/div><\/div>\n\n<div class=\"grow-wordpress-block core-image\"><div class=\"block-content\"><div class=\"block-wrapper\"><div class=\"content-wrapper\">\n<figure class=\"wp-block-image size-full\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" width=\"1773\" height=\"2560\" src=\"https:\/\/www.growbyginkgo.com\/wp-content\/uploads\/2022\/08\/phantom-8-scaled.jpg\" alt=\"\" class=\"wp-image-4600\" srcset=\"https:\/\/www.growbyginkgo.com\/wp-content\/uploads\/2022\/08\/phantom-8-scaled.jpg 1773w, https:\/\/www.growbyginkgo.com\/wp-content\/uploads\/2022\/08\/phantom-8-208x300.jpg 208w, https:\/\/www.growbyginkgo.com\/wp-content\/uploads\/2022\/08\/phantom-8-709x1024.jpg 709w, https:\/\/www.growbyginkgo.com\/wp-content\/uploads\/2022\/08\/phantom-8-768x1109.jpg 768w, https:\/\/www.growbyginkgo.com\/wp-content\/uploads\/2022\/08\/phantom-8-1064x1536.jpg 1064w, https:\/\/www.growbyginkgo.com\/wp-content\/uploads\/2022\/08\/phantom-8-1418x2048.jpg 1418w, https:\/\/www.growbyginkgo.com\/wp-content\/uploads\/2022\/08\/phantom-8-211x305.jpg 211w, https:\/\/www.growbyginkgo.com\/wp-content\/uploads\/2022\/08\/phantom-8-590x852.jpg 590w\" sizes=\"auto, (max-width: 1773px) 100vw, 1773px\" \/><figcaption>Ilustraci\u00f3n de <em>Euryspermum grandiflorum<\/em> tomada de <em>The Paradisus Londinensis: Or Coloured Figures of Plants Cultivated in the Vicinity of the Metropolis<\/em>, Londres: impreso por D.N. Shury, publicado por William Hooker, 1805-1807. Se cree que la planta que se muestra aqu\u00ed es la \u2018<em>Leucadendron grandiflorum<\/em> (Salisb.) R. Br.\u2019.<\/figcaption><\/figure>\n<\/div><\/div><\/div><\/div>\n\n<div class=\"grow-wordpress-block core-heading\"><div class=\"block-content\"><div class=\"block-wrapper\"><div class=\"content-wrapper\">\n<h2 class=\"has-no-background wp-block-heading\"><strong>El cat\u00e1logo colonial<\/strong><\/h2>\n<\/div><\/div><\/div><\/div>\n\n<div class=\"grow-wordpress-block core-paragraph\"><div class=\"block-content\"><div class=\"block-wrapper\"><div class=\"content-wrapper\">\n<p class=\"has-no-background\">Aunque el colonialismo occidental ha pasado a la historia principalmente por la subyugaci\u00f3n de las poblaciones locales, el dominio de la tierra ha sido igual de prol\u00edfico. En Sud\u00e1frica, al igual que en el resto del continente, los colonos europeos exploraron y catalogaron las tierras m\u00e1s productivas y se apoderaron de ellas, adem\u00e1s de arrasar con la vegetaci\u00f3n aut\u00f3ctona sin pensar en las consecuencias. Los proyectos de agricultura industrial transformaron buena parte del f\u00e9rtil entorno del Cabo en una cuenca de polvo, donde la nueva normalidad implic\u00f3 sequ\u00edas terribles, incendios forestales devastadores y escasez prolongada de alimentos y agua. Por si fuera poco, muchos de los responsables de explotar este ecosistema se autonombraron \u00fanicos especialistas en aquello de lo que lo despojaron.<\/p>\n<\/div><\/div><\/div><\/div>\n\n<div class=\"grow-wordpress-block core-paragraph\"><div class=\"block-content\"><div class=\"block-wrapper\"><div class=\"content-wrapper\">\n<p class=\"has-no-background\">Seg\u00fan algunos informes, el <em>conebush <\/em>de Wynberg fue \u201cvisto por \u00faltima vez\u201d no en Ciudad del Cabo, sino en Londres, entre las pertenencias de un tal George Hibbert, pol\u00edtico pudiente, esclavista, botanista amateur y poseedor de un extenso jard\u00edn privado en su residencia de Clapham. Hibbert recibi\u00f3 la flor de parte de James Niven, un joven bot\u00e1nico y coleccionista escoc\u00e9s que lleg\u00f3 al Cabo de Buena Esperanza en 1798, en un momento en el que su entorno natural ya estaba siendo transformado de forma al parecer irreversible. Tal vez Niven intuy\u00f3 que aquella flor se aferraba precariamente a la supervivencia cuando con mucho cuidado le extrajo las semillas y se las envi\u00f3 a su benefactor. En los doce a\u00f1os que Niven pas\u00f3 en Cabo, envi\u00f3 tantas plantas nuevas a Clapham que pr\u00e1cticamente convirti\u00f3 a Hibbert en el due\u00f1o de la mayor colecci\u00f3n de espec\u00edmenes de <em>Proteaceae<\/em> a nivel mundial.<\/p>\n<\/div><\/div><\/div><\/div>\n\n<div class=\"grow-wordpress-block core-pullquote\"><div class=\"block-content\"><div class=\"block-wrapper\"><div class=\"content-wrapper\">\n<figure class=\"wp-block-pullquote has-font-size-large\"><blockquote><p>Otro extra\u00f1o impulso colonialista es el deseo de catalogar religiosamente eso mismo que destruyes.<\/p><\/blockquote><\/figure>\n<\/div><\/div><\/div><\/div>\n\n<div class=\"grow-wordpress-block core-paragraph\"><div class=\"block-content\"><div class=\"block-wrapper\"><div class=\"content-wrapper\">\n<p class=\"has-no-background\">Despu\u00e9s de contribuir un poco m\u00e1s a su extinci\u00f3n, ambos hombres se aseguraron de que quedara un registro de la existencia del <em>conebush<\/em> de Wynberg para la posteridad. Otro extra\u00f1o impulso colonialista es el deseo de catalogar religiosamente eso mismo que destruyes. Hibbert le dio un esp\u00e9cimen del sexo masculino al ilustrador bot\u00e1nico William Hooker, quien lo dibuj\u00f3 para el libro <em>The Paradisus Londinesis<\/em>, un volumen sobre las plantas cultivadas en Londres por el famoso pero tambi\u00e9n polarizador botanista Richard Salisbury. Salisbury describi\u00f3 la planta como \u201cla m\u00e1s extraordinaria especie de este g\u00e9nero descubierta hasta la fecha\u201d, a pesar de su \u201cintenso aroma desagradable\u201d. De ese modo, Hibbert y Salisbury introdujeron esta planta a un entorno nuevo y t\u00f3xico \u2014el de la \u00e9lite bot\u00e1nica londinense\u2014, pero por desgracia tambi\u00e9n fue el momento en el que empezamos a perderle la pista.<\/p>\n<\/div><\/div><\/div><\/div>\n\n<div class=\"grow-wordpress-block core-paragraph\"><div class=\"block-content\"><div class=\"block-wrapper\"><div class=\"content-wrapper\">\n<p class=\"has-no-background\">En su af\u00e1n por clasificar el imperio, los botanistas ingleses de la \u00e9poca estaban enfrascados en una amarga competencia. Aunque Salisbury era un hombre distinguido y conocido, estaba al tanto de las disputas bot\u00e1nicas y proteg\u00eda con ferocidad sus interpretaciones taxon\u00f3micas. Pero entonces un rival m\u00e1s joven, Robert Brown, present\u00f3 una serie de conferencias frente a la Sociedad Linneana de Londres en las que examinaba las clasificaciones previas de Salisbury, lo que en el medio equival\u00eda a un <em>tiroteo<\/em>. Puesto que era tecnol\u00f3gicamente m\u00e1s avanzado, el estudio de Brown no tard\u00f3 en ser aceptado por la comunidad bot\u00e1nica en general. Y Salisbury se indign\u00f3 tanto que subrepticiamente copi\u00f3 las conferencias de Brown, les dio una r\u00e1pida revisada y las public\u00f3 bajo el nombre del jardinero de Hibbert, John Knight, antes de que el libro de Brown saliera a la luz. Claro que sus acciones no quedaron impunes y la comunidad lo expuls\u00f3, aunque ya hubieran dejado una marca indeleble de confusi\u00f3n taxon\u00f3mica en torno a la especie.<\/p>\n<\/div><\/div><\/div><\/div>\n\n<div class=\"wp-block-image\"><div class=\"grow-wordpress-block core-image\"><div class=\"block-content\"><div class=\"block-wrapper\"><div class=\"content-wrapper\">\n<figure class=\"alignleft size-large\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" width=\"683\" height=\"1024\" src=\"https:\/\/www.growbyginkgo.com\/wp-content\/uploads\/2022\/08\/phantom-10-683x1024.jpg\" alt=\"\" class=\"wp-image-4604\" srcset=\"https:\/\/www.growbyginkgo.com\/wp-content\/uploads\/2022\/08\/phantom-10-683x1024.jpg 683w, https:\/\/www.growbyginkgo.com\/wp-content\/uploads\/2022\/08\/phantom-10-200x300.jpg 200w, https:\/\/www.growbyginkgo.com\/wp-content\/uploads\/2022\/08\/phantom-10-768x1152.jpg 768w, https:\/\/www.growbyginkgo.com\/wp-content\/uploads\/2022\/08\/phantom-10-1024x1536.jpg 1024w, https:\/\/www.growbyginkgo.com\/wp-content\/uploads\/2022\/08\/phantom-10-1365x2048.jpg 1365w, https:\/\/www.growbyginkgo.com\/wp-content\/uploads\/2022\/08\/phantom-10-203x305.jpg 203w, https:\/\/www.growbyginkgo.com\/wp-content\/uploads\/2022\/08\/phantom-10-590x885.jpg 590w, https:\/\/www.growbyginkgo.com\/wp-content\/uploads\/2022\/08\/phantom-10-scaled.jpg 1707w\" sizes=\"auto, (max-width: 683px) 100vw, 683px\" \/><\/figure>\n<\/div><\/div><\/div><\/div><\/div>\n\n<div class=\"grow-wordpress-block core-paragraph\"><div class=\"block-content\"><div class=\"block-wrapper\"><div class=\"content-wrapper\">\n<p class=\"has-no-background\">La flor que Anthony Roberts espera pacientemente es la que Hooker dibuj\u00f3 y Salisbury describi\u00f3. El verdadero problema es que Salisbury la denomin\u00f3 <em>Euryspermum grandiflorum<\/em>, y, aunque poco despu\u00e9s Brown la renombr\u00f3 <em>Leucadendron grandiflorum<\/em>, que fue la taxonom\u00eda que predomin\u00f3, el da\u00f1o ya estaba hecho. Este caos ha tenido repercusiones perennes a lo largo de los siglos, pues en el mundo entero han surgido dibujos y espec\u00edmenes de flores err\u00f3neamente identificadas o etiquetadas como <em>Leucadendron grandiflorum<\/em>. En pocas palabras, unos cuantos \u201cgenios\u201d de la bot\u00e1nica dejaron a su paso una confusi\u00f3n inmensa en la clasificaci\u00f3n cient\u00edfica de estas plantas \u00fanicas de la que dependen conservacionistas, ecologistas, cient\u00edficos y acad\u00e9micos para entender y proteger la naturaleza.<\/p>\n<\/div><\/div><\/div><\/div>\n\n<div class=\"grow-wordpress-block core-paragraph\"><div class=\"block-content\"><div class=\"block-wrapper\"><div class=\"content-wrapper\">\n<p class=\"has-no-background\">Roberts es el \u00faltimo eslab\u00f3n de la cadena en este juego taxon\u00f3mico de \u201ctel\u00e9fono descompuesto\u201d. No s\u00f3lo nunca ha visto la flor que est\u00e1 buscando, sino que tampoco ha tenido acceso a representaciones o descripciones de la planta en sus fases tempranas. Por si fuera poco, el paisaje ha sufrido cambios dr\u00e1sticos desde la llegada de Niven, hace un par de siglos; esto significa que lo que sol\u00eda ser Wynberg Hill ha cambiado a tal grado que la ubicaci\u00f3n original podr\u00eda estar a unos dos kil\u00f3metros a la redonda del sitio actual. Pero Roberts no pierde la esperanza, pues al menos el tipo de suelo es el mismo: tierra f\u00e9rtil y profunda, compuesta de granito desintegrado.<\/p>\n<\/div><\/div><\/div><\/div>\n\n<div class=\"grow-wordpress-block core-heading\"><div class=\"block-content\"><div class=\"block-wrapper\"><div class=\"content-wrapper\">\n<h2 class=\"has-no-background wp-block-heading\"><strong>Aroma a extinci\u00f3n<\/strong><\/h2>\n<\/div><\/div><\/div><\/div>\n\n<div class=\"grow-wordpress-block core-paragraph\"><div class=\"block-content\"><div class=\"block-wrapper\"><div class=\"content-wrapper\">\n<p class=\"has-no-background\">Curiosamente, el incendio provocado en Wynberg Hill no es el primer plan que ha habido para resucitar la <em>Leucadendron grandiflorum<\/em>, o al menos de forma parcial. En 2014, Jason Kelly, CEO de Ginkgo Bioworks, asisti\u00f3 a una convenci\u00f3n sobre aceites y aromas esenciales. Al conversar con un consultor de la empresa Givaudan, que estaba ah\u00ed promocionando esencias de plantas poco conocidas, a Kelly se le ocurri\u00f3 una idea: \u00bfpodr\u00eda hacerse lo mismo con plantas extintas? \u00bfC\u00f3mo funcionar\u00eda? \u00bfQu\u00e9 implicaciones tendr\u00eda? Luego le comparti\u00f3 sus ideas a la directora creativa, Christina Agapakis, quien arm\u00f3 un plan de acci\u00f3n. En primer lugar, examin\u00f3 la \u201clista roja\u201d de plantas extintas de la Uni\u00f3n Internacional para la Conservaci\u00f3n de la Naturaleza, y despu\u00e9s busc\u00f3 espec\u00edmenes adecuados en el herbario de la Universidad de Harvard.<\/p>\n<\/div><\/div><\/div><\/div>\n\n<div class=\"grow-wordpress-block core-paragraph\"><div class=\"block-content\"><div class=\"block-wrapper\"><div class=\"content-wrapper\">\n<p class=\"has-no-background\">En un caj\u00f3n del herbario encontr\u00f3 una flor bellamente preservada cuya etiqueta la clasificaba como <em>Leucadendron grandiflorum<\/em>, una de las especies extintas que Agapakis seleccion\u00f3 de la lista roja. Proven\u00eda de una planta cultivada en el jard\u00edn bot\u00e1nico de Kirstenbosch, presentada en el 17\u00ba Congreso Internacional de Horticultura realizado en Maryland en agosto de 1966, cortes\u00eda de un tal H.B. Rycroft, profesor de bot\u00e1nica de la Universidad de Ciudad del Cabo y gran impulsor del estudio y la valoraci\u00f3n de las plantas sudafricanas. Al parecer, Rycroft hab\u00eda llevado consigo ese esp\u00e9cimen para ilustrar su ponencia sobre horticultura de especies vegetales sudafricanas. Sin embargo, la valoraci\u00f3n de la lista roja insinuaba que la planta pod\u00eda haberse extinguido a finales del siglo XIX, por lo que esa aparici\u00f3n en 1966 era tan desconcertante como prometedora. \u00bfEra posible que la flor se hubiera extinguido mucho despu\u00e9s de lo que se cre\u00eda? \u00bfAcaso hab\u00eda sido \u201cvista por \u00faltima vez\u201d en Ciudad del Cabo durante el <em>apartheid<\/em>?<\/p>\n<\/div><\/div><\/div><\/div>\n\n<div class=\"grow-wordpress-block core-paragraph\"><div class=\"block-content\"><div class=\"block-wrapper\"><div class=\"content-wrapper\">\n<p class=\"has-no-background\">Sin conocer a fondo su contexto hist\u00f3rico y bot\u00e1nico, con mucho cuidado Agapakis tom\u00f3 un fragmento de una hoja del esp\u00e9cimen deshidratado. Y, con el ADN de catorce plantas extintas bajo el brazo, volvi\u00f3 al laboratorio.<\/p>\n<\/div><\/div><\/div><\/div>\n\n<div class=\"grow-wordpress-block core-paragraph\"><div class=\"block-content\"><div class=\"block-wrapper\"><div class=\"content-wrapper\">\n<p class=\"has-no-background\">Cuando un organismo muere, su ADN empieza a degradarse, por lo que al principio el equipo de biolog\u00eda sint\u00e9tica de Ginkgo tuvo problemas para extraer suficiente informaci\u00f3n de las muestras envejecidas. Por fortuna, sus colegas del laboratorio de paleogen\u00f3mica de la Universidad de California en Santa Cruz lograron desglosar las muestras de forma m\u00e1s sofisticada. Con esa \u00e1rea de superficie mejorada, la m\u00e1quina de secuenciaci\u00f3n de Ginkgo logr\u00f3 leer el c\u00f3digo gen\u00e9tico de las plantas. A continuaci\u00f3n, se insertaron las secuencias en cultivos de levaduras que produjeron peque\u00f1as mol\u00e9culas de olor. Pero s\u00f3lo cuatro de los catorce espec\u00edmenes generaron mol\u00e9culas viables, y uno de ellos fue la <em>Leucadendron grandiflorum.<\/em> Despu\u00e9s de m\u00e1s de doscientos a\u00f1os, el olor de esta flor (que tanto le desagradaba a Salisbury) volv\u00eda a estar sujeto a interpretaci\u00f3n. La muestra produjo aromas que iban del cannabis al jazm\u00edn, los cuales eran agradables por s\u00ed solos, pero combinados resultaban un tanto extra\u00f1os. Agapakis y su equipo no pudieron determinar las cantidades exactas en las que la flor produc\u00eda dichos aromas, pero se hab\u00edan aproximado lo suficiente como para poder afirmar que parte de la <em>Leucadendron grandiflorum<\/em> hab\u00eda vuelto a la vida.<\/p>\n<\/div><\/div><\/div><\/div>\n\n<div class=\"grow-wordpress-block core-pullquote\"><div class=\"block-content\"><div class=\"block-wrapper\"><div class=\"content-wrapper\">\n<figure class=\"wp-block-pullquote has-font-size-large\"><blockquote><p>La impresi\u00f3n que nos causan algunas especies, aunque sea desde ultratumba, puede ser tan fuerte que garantiza que no dejemos de intentar recobrarlas.<\/p><\/blockquote><\/figure>\n<\/div><\/div><\/div><\/div>\n\n<div class=\"grow-wordpress-block core-paragraph\"><div class=\"block-content\"><div class=\"block-wrapper\"><div class=\"content-wrapper\">\n<p class=\"has-no-background\">Ansiosa por compartir este renacimiento con el p\u00fablico, Agapakis se acerc\u00f3 a la artista multidisciplinaria Alexandra Daisy Ginsberg y a la artista y especialista en aromas Sissel Tolaas, y, en 2019, juntas crearon <em>Resurrecting the Sublime<\/em>, una instalaci\u00f3n art\u00edstica colaborativa basada en los aromas reconstruidos a partir del ADN vegetal. La instalaci\u00f3n presentaba la esencia de las tres plantas extintas en un diorama sorprendentemente minimalista, compuesto s\u00f3lo de rocas y paisajes sonoros de h\u00e1bitats perdidos. Al p\u00fablico se le invitaba a experimentar el verdadero impacto de la p\u00e9rdida \u2014a trav\u00e9s de paisajes que s\u00f3lo pod\u00edan ser o\u00eddos y flores que s\u00f3lo pod\u00edan ser olidas\u2014 y a contemplar c\u00f3mo las acciones humanas hab\u00edan causado la destrucci\u00f3n de especies enteras.<\/p>\n<\/div><\/div><\/div><\/div>\n\n<div class=\"grow-wordpress-block core-paragraph\"><div class=\"block-content\"><div class=\"block-wrapper\"><div class=\"content-wrapper\">\n<p class=\"has-no-background\">Mientras trabajaba en <em>Resurrecting the Sublime<\/em>, Ginsberg recopil\u00f3 recuentos que le permitieran llenar los huecos y armar el rompecabezas de la <em>Leucadendron grandiflorum<\/em>. Un d\u00eda, cay\u00f3 en cuenta de que las tres im\u00e1genes existentes del esp\u00e9cimen \u2014la del herbario de Harvard, la de la Colecci\u00f3n Linneana de Suecia y la de los Kew Gardens de Inglaterra\u2014 ten\u00edan diferencias notorias. Tal vez era la misma flor, preservada en tres diferentes fases de su desarrollo. Pero \u00bfy si eran especies distintas? Al menos el esp\u00e9cimen de Harvard, en el que Ginkgo Bioworks hab\u00eda invertido tanto tiempo y esfuerzo, deb\u00eda ser una aut\u00e9ntica <em>Leucadendron grandiflorum<\/em>, \u00bfo no?<\/p>\n<\/div><\/div><\/div><\/div>\n\n<div class=\"grow-wordpress-block core-paragraph\"><div class=\"block-content\"><div class=\"block-wrapper\"><div class=\"content-wrapper\">\n<p class=\"has-no-background\">Para salir de la duda, Ginsberg consult\u00f3 a Tony Rebelo, uno de los principales especialistas en la familia <em>Proteaceae<\/em>. Rebelo, quien vive en Ciudad del Cabo y trabaja para el Instituto Bot\u00e1nico Nacional de Sud\u00e1frica (SANBI, por sus siglas en ingl\u00e9s), vio la imagen del esp\u00e9cimen de Harvard que Ginsberg le mand\u00f3 y, sin titubear, afirm\u00f3 que definitivamente no era una <em>Leucadendron grandiflorum<\/em>. En su opini\u00f3n, pod\u00eda ser una <em>Leucadendron sessile <\/em>o <em>Leucadendrom tinctum<\/em>\u2026 ninguna de las cuales estaba extinta. De hecho, Rebelo tambi\u00e9n le coment\u00f3 que la ilustraci\u00f3n de Hooker y la descripci\u00f3n de Salisbury publicada en <em>Paradisus Londinensis<\/em> \u2014as\u00ed como una menci\u00f3n presente en el Flora Capensins de 1860\u2014 eran los \u00fanicos indicios de la existencia de la <em>Leucadendron grandiflorum<\/em>. Eso significaba que quiz\u00e1 nunca existi\u00f3 en realidad. \u00bfC\u00f3mo surgi\u00f3 entonces ese fantasma que luego desapareci\u00f3, no sin antes dejar rastros suficientes que hasta la fecha siguen generando inter\u00e9s?<\/p>\n<\/div><\/div><\/div><\/div>\n\n<div class=\"grow-wordpress-block core-cover\"><div class=\"block-content\"><div class=\"block-wrapper\"><div class=\"content-wrapper\">\n<div style=\"aspect-ratio:unset;\" class=\"cover-image-wrapper\"><div class=\"wp-block-cover is-light has-parallax\" style=\"background-image:url(https:\/\/www.growbyginkgo.com\/wp-content\/uploads\/2022\/08\/phantom-3.jpg);min-height:800px\"><span aria-hidden=\"true\" class=\"wp-block-cover__background has-background-dim-0 has-background-dim\"><\/span><div class=\"wp-block-cover__inner-container is-layout-flow wp-block-cover-is-layout-flow\"><div class=\"grow-wordpress-block core-paragraph\"><div class=\"block-content\"><div class=\"block-wrapper\"><div class=\"content-wrapper\">\n<p class=\"has-text-align-center has-no-background has-large-font-size\"><\/p>\n<\/div><\/div><\/div><\/div><\/div><\/div><figcaption class=\"attribution-title\"><\/figcaption><\/div>\n<\/div><\/div><\/div><\/div>\n\n<div class=\"grow-wordpress-block core-heading\"><div class=\"block-content\"><div class=\"block-wrapper\"><div class=\"content-wrapper\">\n<h2 class=\"wp-block-heading\"><strong>Soberbia concentrada<\/strong><\/h2>\n<\/div><\/div><\/div><\/div>\n\n<div class=\"grow-wordpress-block core-paragraph\"><div class=\"block-content\"><div class=\"block-wrapper\"><div class=\"content-wrapper\">\n<p class=\"has-no-background\">Aunque esta imponente flor dorada sigue envuelta en un misterio perenne, nos cuenta una historia relevante, un relato aleccionador sobre la soberbia y sobre c\u00f3mo un sistema de conocimiento impuso su supremac\u00eda; se convenci\u00f3 de su propia neutralidad, objetividad y omnisciencia; y se volvi\u00f3 tan autorreferencial que se convirti\u00f3 en su propia c\u00e1mara de resonancia. A partir del exuberante jard\u00edn de Hibbert, la confusi\u00f3n en torno a esta flor podr\u00eda interpretarse como una consecuencia de la urgencia colonialista de secuestrar y categorizar tantos recursos naturales africanos como fuera posible. La mercantilizaci\u00f3n no prioriza los cuidados; adem\u00e1s, cuando aspiras a poseer algo, dif\u00edcilmente lo ves con suficiente claridad.<\/p>\n<\/div><\/div><\/div><\/div>\n\n<div class=\"grow-wordpress-block core-paragraph\"><div class=\"block-content\"><div class=\"block-wrapper\"><div class=\"content-wrapper\">\n<p class=\"has-no-background\">Si el <em>conebush<\/em> de Wynberg de verdad existi\u00f3, form\u00f3 parte del mundo natural de los hotentotes desde mucho antes de que los primeros europeos llegaran a las costas del suroeste de \u00c1frica. Esas primeras comunidades pastorales entend\u00edan su ecosistema mucho mejor de lo que podr\u00edan hacerlo jam\u00e1s los colonos que los desplazaron, adem\u00e1s de que heredaban de forma matrilineal su conocimiento del reino vegetal. Es posible entonces que la soluci\u00f3n a la crisis ecol\u00f3gica actual no s\u00f3lo consista en devolver esa tierra al fuego, sino tambi\u00e9n en volver a ponerla en manos de los guardianes que mejor la conocen.<\/p>\n<\/div><\/div><\/div><\/div>\n\n<div class=\"grow-wordpress-block core-paragraph\"><div class=\"block-content\"><div class=\"block-wrapper\"><div class=\"content-wrapper\">\n<p class=\"has-no-background\">Lo dem\u00e1s es un simple experimento, como el esperanzado incendio de Wynberg Hill. Conforme el fuego se apaga, empleados del gobierno de Ciudad del Cabo vestidos con overoles azules y pasamonta\u00f1as blancos se asoman por encima de una impresionante capa de ceniza. Y por los aires sobrevuela un dron que busca remanentes del incendio. Los mu\u00f1ones de algunos \u00e1rboles se reh\u00fasan a dejar de arder. Anthony Roberts observa el fuego menguante y se pregunta si habr\u00e1 generado suficiente calor y humo para traer a la flor gigante de entre los muertos. Aunque fracase, llegar\u00e1n otros que sigan buscando la belleza perdida de la <em>Leucadendron grandiflorum<\/em>. Porque ese es el otro lado de la historia: la impresi\u00f3n que nos causan algunas especies, aunque sea desde ultratumba, puede ser tan fuerte que garantiza que no dejemos de intentar recobrarlas.<\/p>\n<\/div><\/div><\/div><\/div>\n\n<div class=\"grow-wordpress-block core-paragraph\"><div class=\"block-content\"><div class=\"block-wrapper\"><div class=\"content-wrapper\">\n<p class=\"has-no-background\"><\/p>\n<\/div><\/div><\/div><\/div>","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>A la sombra de la monta\u00f1a de la Mesa, en Ciudad del Cabo, Sud\u00e1frica, un incendio se abre paso por entre los mu\u00f1ones de un bosque de pinos deforestado. 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